Solo al Sur (Parte 3)

Los salvadores resultaron ser dos pibes que también venían viajando. Ya estaban pegando la vuelta. Eran de la ciudad de Azul. Esa noche se acercaron como si nada y me preguntaron que andaba haciendo. Charlamos un rato y después me preguntaron si sabía dónde iba a dormir. Les dije que no había encontrado nada así que me dijeron que ellos iban a ir a buscar. Que si quería los podía acompañar. No lo dudé y salimos juntos. Encontramos un lugar afuera de una casa de turismo. Yo llevaba carpa, pero copié lo que hicieron los salvadores y abrí solamente la bolsa de dormir en el pasto. Esa noche terminé durmiendo al borde la ruta sin otro techo que el cielo. Las estrellas no paraban de mirarme y si no hubiese estado tan cansado me hubiese quedado así por horas. En ese momento me relajé. Me di cuenta que el primer día había terminado.

A la mañana siguiente nos despertamos con el movimiento de la gente que llegaba a trabajar al lugar donde habíamos dormido. Mi rumbo era distinto al de los salvadores por lo que después de agradecerles por la compañía nos despedimos sin decir más nada. Hasta el día de hoy no los he vuelto a ver.

Un día de viaje no me sacaba el papel de principiante. Ya con intensiones de irme del bendito cruce, me pare a hacer dedo antes del puente que cruza a Neuquén. En ese momento no me di cuenta pero estaba cometiendo varios errores. El primero, ubicarme en un lugar tan cercano al de un puesto policial. Cualquiera que pudiese llevarme no se iba a arriesgar a que después de subir a un don nadie, la policía lo vea y le empiece a hacer preguntas. Segundo, el tráfico que pasa por el puente no es solo de gente que viene viajando. Mucha gente se mueve entre Neuquén, Cipolletti y otros pueblos cercanos constantemente. Yo necesitaba que me lleven varios kilómetros, no que me lleven hasta Neuquén nada más. Por eso las probabilidades de que alguien me llevara también bajaban en este sentido. Por último, el lugar. Estaba casi llegando al puente. El espacio de la banquina era tremendamente acotado, por lo que también era raro que por ejemplo un camión de veinte metros de largo frenase entorpeciendo el tránsito y comiéndose las respectivas puteadas de los que pasaban.

Por todo lo anterior, es que estuve como un tonto esperando una hora y monedas hasta que, como ya se venía haciendo una especie de bendición, alguien llegó para ayudarme y acomodarme las ideas de alguna manera. Lo llamaré el Barba. Justamente porque tenía una barba de unos diez centímetros. A los cien metros lo venía viendo que se me acercaba. De lejos ya me di cuenta que venía viajando. Andaba con una sola mochila que tenía una especie de estructura de hierro o acero para mantenerle la espalda derecha. Venía con un charango y, en la base del parante acobachado de forma horizontal como durmiendo en la mochila, estaba su Yembé.

Si bien recibe otros nombres como  “Yimbe”, “Sambanyi” o “Tam Tam”, el  Barba siempre me lo nombro “Yembe” (O djembe como también se escribe). Se trata de un instrumento de percusión que tiene sus orígenes en el Imperio Mandinga ubicado entre Malí y Guinea (África). Esta especie de tambor, como lo llamé al principio cuándo le pregunté al Barba que era, tradicionalmente se hace de madera y piel de animal, aunque también se pueden ver de fibra o piel sintética. No sabría decir exactamente como estaba hecho el del Barba. Lo interesante es que cuando uno prueba tocarlo se da cuenta enseguida que le puede sacar distintos sonidos según la parte del cuero sobre la que golpee.

Entonces el Barba se acercó a donde estaba:

-Buenas, Como andamos?- comento mientras se acercó para darme la mano.

-Todo tranquilo. ¿Vos?- Le respondí mientras le estrechaba la mano.

-Bien. ¿Vas para el sur?- Preguntó.

-Así es- Le respondí.

-No sé si te van a llevar de acá loco- Agregó el barba mientras arrugaba la frente como poniendo cara de duda- … Estas un poco mal ubicado. Porque no te tomas un bondi conmigo y vamos hasta afuera de Neuquén para estar más en la ruta?

-Sí, acá viene complicado. Ni me mira la gente que pasa- Le respondí.

-Vamos que el bondi nos sale dos mangos- Agregó.

Así fue entonces como en cinco minutos ya no estaba viajando solo. Desde donde estábamos nomas, nos tomamos un bondi hasta la terminal de Neuquén.

Mientras iba sentado en el colectivo, pude ver la imponencia del río Neuquén, el segundo más importante de la provincia de Neuquén después del Limay. El nombre Neuquén es de origen mapuche y podemos encontrar distintas versiones de su significado:

Según Félix San Martín el nombre deriva de “ñedquen” que significa atrevido, arrogante y audaz. Para Gregorio Álvarez el significado de Neuquén debe buscarse en dos conceptos. El primero “neu-en” que significa fuerza tener, y el segundo “ko-en”, que significa agua tener. Conjuntamente se lo puede resumir en “agua que tiene fuerza” y ya refiriéndonos a un río, esta conjunción lo catalogaría como uno “fuertemente correntoso”.

Cuando vas viajando te liberas un poco de la tensión de la ruta y es inevitable no ponerse a pensar. En esos momentos uno halla el espacio perfecto para encontrarse con uno mismo. Para plantear las dudas que salen desde adentro. Esas que viven opacadas por la rutina. Y no lo digo porque sea necesario encontrar respuestas a esas dudas o preguntas que aparecen de la nada. Lo digo porque es necesario saber que existen. Porque son naturales en cualquier persona. Es ahí donde uno se da cuenta que está vivo. Que por más que seamos un punto en el universo, tenemos esa oportunidad de reaccionar y plantearnos que ocupamos un lugar y que de no ser por eso el mundo no sería el mismo. Porque estamos en la tierra parados, pero también estamos en el pensamiento de la gente. En la mente de los que nos quieren, pero también en el pensamiento del resto de los hombres en forma genérica y ni que hablar en la de aquellos que van a cruzarse. Cruzarse para cambiarnos los planes, de forma gigantesca o ínfima no importa. Importa que somos causa y efecto todo el tiempo, aunque el mundo nos deje atontados mientras el tiempo vuela.

En esta etapa del viaje encontré un amigo. Si bien el tiempo fue corto porque viajamos un par de días nada mas, estoy agradecido de haber estado ahí cuando el llego. Este es el premio que me lleve en cada lugar que estuve. La amistad. Ese diamante tan mal escondido que muchas veces no sabemos ver.

………………………………………………………………………………………Continuará.

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